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Los recientes actos de violencia ocurridos en el barrio londinense de Tottenham mostraron al mundo que los saqueos de los revoltosos se centraban en dos productos predominantes: plasmas y teléfonos celulares. Nada de alimentos u otros artículos de primera necesidad. A lo sumo se le agregaban laptops y calzado deportivo de marca a lo que la turba se llevaba de los comercios que luego procedía a quemar, al igual que automóviles y ómnibus. Suponer que toda esa barbarie fue una expresión de protesta social generada a partir de la muerte del joven Mark Duggan por balas de armas policiales es simplificar los hechos, o verlos desde una óptica esquemática y perimida. Escribir barbarie para definir la situación es acertado, porque implica reconocer que los protagonistas de la furia de Tottenham actuaron como bárbaros.
En apretada síntesis: el término “bárbaro” fue tradicionalmente utilizado por ciertas culturas europeas para designar a aquellas comunidades que poseían otros rasgos culturales, sociales, políticos y religiosos. Si bien los antiguos griegos ya usaban esta palabra para hacer referencia a todo aquel que no fuera griego, no sería hasta más adelante, a partir del siglo V después de Cristo, cuando la misma se extendería y popularizaría. Todo esto me da motivos para hablarles de un libro soberbio que leí hace unos meses y que aporta reflexión y datos que iluminan esta época que vivimos: Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación, del turinense Alessandro Baricco, polifacético autor a quien le debemos, entre otros títulos, la exquisita novela Seda y el notable monólogo Novecento, que hace algunos años fue llevado al cine.
La tesis central de este ensayo es que los bárbaros están otra vez acampando entre nosotros y dispuestos al saqueo. Para Baricco, las aldeas invadidas por estos “nuevos bárbaros” son varias, entre las cuales está el negocio editorial – léanse libros- , el fútbol y los vinos. Pero el gran campamento o palacio en donde se asientan los invasores es nada menos que Google, símbolo de la cultura superficial e instantánea de la internet, con su rápida navegación que picotea en todos los asuntos y no profundiza en ninguno y es alentada por la “espectacularidad” que revisten los recursos tecnológicos puestos al servicio de la banalidad y lo vacuo de la mayoría de sus contenidos. Baricco entrevé también un control “imperial” de esa herramienta de búsqueda. Y cuando habla de imperio se refiere al norteamericano y la globalización, que para Baricco significa simplemente la “norteamericación” de la vida.
Baricco es un fascinador profesional, un prestidigitador de los recursos conceptuales y expresivos y un intelectual que puede “bajar” línea de manera que su discurso sea comprensible incluso por los bárbaros a los que alude. Pese a que de la lectura se infiere una mirada europea sobre los asuntos que trata, son tantos los hallazgos de este ensayo y es tan estimulante su secuencia que, cerrado el libro, su impulso alienta a extrapolar al ámbito doméstico esa mirada.
Una vez leído entendemos el porqué de nuestro breve y devaluado idioma, la pobreza conceptual del discurso de los más jóvenes, la grosera pauperización del debate de ideas y la neolengua que los mensajes de texto y los chats han engendrado. Descubrimos por qué los reality shows son los programas más vistos de la televisión y el vaciamiento de temas trascendentes que implican se refleja en el discurso promedio que se escucha. Las redes sociales –que explican la coordinación de las asonadas de Tottenham- lejos de ser un aporte serio a la cultura funcionan como una babel virtual en donde todo confluye pero nada adquiere una real jerarquía. Como afirma Baricco, lo que está en la red, por más grande que sea, no es el saber, o al menos todo el saber. Y agrega: la imprenta –en referencia al invento de Gutenberg- como la red, no es un inocente receptáculo que cobija el saber, sino una forma que modifica el saber a su propia imagen. Remata esto con una sentencia contundente: “Google no tiene diez años de vida siquiera, y se encuentra ya en el corazón de la civilización: si uno lo observa, no está visitando una aldea saqueada por los bárbaros: está en su campamento, en su capital, en su palacio imperial.” Vale aclarar que la primera edición de este libro apareció en 2006.
Desde este punto de vista habría que revisar eso de entregarle una computadora a cada escolar o liceal, así sin más. Bien utilizada puede ser un instrumento de educación y conexión con la tecnología virtual, pero también es una entrada al campamento que describe Baricco, el acceso a un mundo definido, como afirma el autor, por la simplificación, la superficialidad, la velocidad y la medianía.